Pensar a través del Contacto

Texto sobre el pensar, a través de la entrega al cuerpo mediante del contacto. Un contacto a partir de la piel y de lo sensorial, en apertura a lo no consciente.

DE LA PIEL

Eu Mongil

4/14/20254 min read

a rock in the middle of a tree
a rock in the middle of a tree

Pensar a través del contacto

Pensar a través del contacto es pensar, a partir de la sensibilidad, aquellas fuerzas invisibles que sostienen nuestros cuerpos y los hacen ser como son; aquellas fuerzas que bloquean sus movimientos y aquellas que se resisten, ya sea a imposiciones o a cambios.

Pensar a través del contacto precisa dejarse caer en él, para poder percibir las emergencias y las inserciones de los cuerpos en el medio de un entramado de relaciones infinitas.

Pensar a través del contacto habilita despejar un tiempo-espacio que se sustrae al sentido común imperante, haciéndolo girar en una especie de vacío. Un vacío fértil, porque permite deshacer sujetos (terapeuta-paciente) y certezas _sin destruirlos_, más bien desparramándolos, desplazándolos en un proceso intuitivo de escucha, de encuentro y de creación de nuevos sentidos y verdades.

Matriz

En la historia de nuestra Anatomía podemos recordar cómo se han abierto cuerpos, desollado pieles, atravesado tejidos para poder llegar al fondo de la cuestión: órganos, vasos sanguíneos, sistema nervioso. Con la llegada del microscopio, por fin pudimos llegar a las células y a la bioquímica. Y, aunque ha sido profundamente necesario pasar por ahí, seguimos sin saber del todo qué les pasa a nuestros cuerpos.

Hoy, nuevas técnicas de disección y visualización nos muestran la presencia de un tejido conjuntivo-constitutivo, antes menospreciado, obviado, cortado, que recorre todo el cuerpo en un despliegue y repliegue continuo de dentro hacia fuera, y de fuera hacia dentro, de lo micro a lo macro y viceversa.
Un tejido que ya sentíamos en el contacto mucho antes de poder observarlo mediante dispositivos tecno-científicos.

Esta matriz conjuntiva-constitutiva nos permite comprender que en el cuerpo no hay separaciones claras, sino entramados continuos en procesos de diferenciación y organización que comunican y dialogan, en contacto directo y también a distancia.

Imagina esa matriz conjuntiva, desde la cara interna de la piel, haciendo músculos, ligamentos, tendones y huesos, adoptando más de estos materiales o menos de aquellos según la función de cada tejido, según la necesidad. Imagina ese mismo tejido envolviendo órganos y formando parte de su estructura interna, de los vasos sanguíneos, de las membranas craneales y de las envolturas medulares.
Puedes profundizar en ello en los libros que hablan del sistema fascial. Hoy es harto conocido; no lo era hace tanto.

Todo esto ha sido posible gracias a una nueva disposición hacia los cuerpos y su funcionamiento, una disposición que vuelve visibles y perceptibles cosas que antes no lo eran. Y lo que ahora vemos y percibimos puede seguir transformándose. Quién sabe cuántas cosas más seremos capaces de aprehender de nuestros cuerpos, de su materia-información.

A partir de aquí, no opondremos superficie y profundidad.
No se trata de atravesar, perforar o desollar la superficie para llegar al fondo, porque ya está todo ahí, a flor de piel, si nos dejamos caer en el contacto. El fondo sube a la superficie sin dejar de ser fondo. Relación de co-pertenencia, de reciprocidad.

Disponerse al contacto y experimentar en él.
Jamás interpretar, porque la interpretación siempre está por encima, o antes, o después de la experiencia: nunca es ella.

Esto es importante para nuestro trabajo como terapeutas, pero vale para cualquiera. El contacto _contacto piel-piel, contacto visual, verbal, energético, emocional_ nos expone cada vez, en cada momento, a transitar experiencias singulares. Sin embargo, todavía llegamos demasiado dopadas de conceptos, imágenes y modos de pensar, tan numerosos o tan férreos que nos empujan a interpretar continuamente lo que ocurre, en lugar de vivirlo.

Se hace necesaria una política de la experimentación frente a una lógica de la representación; una ética de las superficies frente a una moral de las profundidades, capaz de deshacer el nudo positivista de las grandes verdades y permitir una nueva percepción que nos disponga a experimentar la profundidad a partir de las superficies, sin jamás interpretarla, constreñirla o encorsetarla.

Pensar a través del contacto.

No hace falta comprender.
A veces pensar es
dejar que algo se mueva sin nombre,
sin apropiárselo.

Pensar a través de contacto no es una técnica,
es una
toma de posición:
no adelantarse,
no capturar lo que aparece,
no cerrar demasiado pronto.

Sostener la relación sin dominarla.
Ahí empieza _y no termina_
otra forma de estar con los cuerpos.

*Este texto está inspirado en lecturas de Deleuze, Jean-Luc Nancy, Gilbert Simondon, Donna Haraway, Henri Bergson y Santiago López-Petit. Pero sobretodo está inspirado en la práctica clínica y diaria del tocar y escuchar lo que los cuerpos tienen para informarnos.
*Agradezco también los años de lecturas compartidas en El grupo de los lunes, junto a Guillermo, en el pude explorar acompañada mi interés por la filosofía.

El contacto es medio

El contacto es medio.
Es en el medio, como medio y como en-medio, donde todo pasa.

Medio como vacío-lleno, de todos los posibles;
como lleno-vacío, de toda significación y/o definición;
como encuentro, espacio de creación, de negociaciones y composiciones;
como brecha, diferencial y pasaje de intensidades;
como transducción, de información, operación del devenir, transformación en proceso.

El medio rompe la dialéctica de la oposición y de la jerarquía, porque es el tiempo-espacio del contacto, de la ambivalencia, de la incertidumbre, de la simpoiesis (procesos de creación y devenir -con).
En él todo son pliegues, despliegues y repliegues de la materia-información: materia que es al mismo tiempo física y metafísica, real y virtual, orgánica e inorgánica, micromolecular y macromolecular, consciente e inconsciente, determinada y creativa, voluntaria e involuntaria, sensible y no sensible, continua y discontinua.

A través del contacto percibimos la finitud e infinitud de los cuerpos.

Pero no basta solo con tocar. Es preciso disponerse al contacto, tomar posición que es _postura, actitud y posicionamiento_ , pero solo de partida. Una vez en el contacto, hay un dejarse ir que es activo y pasivo al mismo tiempo.
Una caída afirmativa, un tremendo ¡sí! a las fuerzas que atraviesan el cuerpo, a la vida que le es tan propia e impropia a la vez.

Los cuerpos son, por tanto, en-medios y expresiones, _ex(peau)siciones_ particulares del mundo: singularidades abiertas y en conflicto permanente, sin origen ni final claramente delimitados, siempre habitando en los bordes, entre límites que se mueven y se desplazan, entre umbrales difusos.