De Relaciones y Encuentros
Texto que reflexiona sobre las relaciones terapéuticas en un contexto mas amplio sobre qué nos ofrece un encuentro y las posibilidades que se abren si prestamos atención.
OSCILACIONES
Eu Mongil
4/7/20256 min read


De Relaciones y Encuentros
La relación como encuentro. El encuentro como acontecimiento, novedad e imprevisibilidad, devenir.
Un yo y un otro, no como homogeneidades sino como multiplicidades. Se acabaron las máquinas binarias, se acabaron las representaciones: tan solo importa el encuentro. A cada lado, mundos en relación y adentros que son adentros del afuera. Todo se juega en el encuentro, en las intensidades que por ahí pasan, en las fuerzas que el encuentro es capaz de movilizar.
Nada que comprender, nada que interpretar: ¡no ser jueces!.
¿Para qué sirve un diagnóstico si no moviliza las fuerzas de un cuerpo, si no hace estallar los límites de lo que hay, si no cambia el sentido? Diagnósticos inmovilizantes. Diagnósticos bloqueantes.
¡Bailemos el encuentro!.
Dejarse ir en un encuentro no es pasividad; antes bien, es la caída afirmativa hacia él, es una determinación. Forzamos así el pensamiento. Forzar el pensamiento es ponerse en relación con lo impensado, con el sinsentido, ahí, en el límite.
Te diagnostican un problema crónico y tienes, al menos, dos opciones: te asientas en la enfermedad dejándote hacer por ella, identificándote con ella. O le haces a la enfermedad las preguntas apropiadas para orientar nuevas acciones, nuevos pensamientos, que te permitan transformar lo que había hasta el momento. No llegamos al dolor de casualidad.
Un yo y un otro, en sus límites, se encuentran: bailan, basculan, torsionan; se despliegan, se descomponen y lo que surge es algo más que una suma. Un yo y un otro: cada una encuentra a la otra y no es ni de una ni de la otra ni de ambas, es lo que surge entre las dos y tiene su propia fuerza, su propia dirección.
Como cuando dos personas que están cerca sincronizan sus corazones o sus cerebros sin saberlo conscientemente. Lo que ocurre ahí está modificando el ritmo de ambos corazones o ambos cerebros; es una oportunidad de hacer algo con ello si se pone atención al encuentro.
¿Por qué nos interesa esta política de los encuentros?.
Porque seguimos inmersos en una política de la representación. Nos sentimos cómodas en esa relación donde nada pasa, donde reconocemos y comprendemos sin movilizar nada, sin problematizar, sin dejar espacio a lo creativo. La experiencia pide paso.
Decimos:
“-¿ves?, ¡es esto!”.
Diagnosticamos, interpretamos, nos diagnostican, nos interpretan; nos ponemos a distancia del encuentro, de la participación real.
Gestionamos, burocratizamos, protocolizamos... pero casi siempre para fijar límites, para replegar el pensamiento a la única actividad de reconocer, interpretar, juzgar. Nuestras manos buscan y encuentran lo que ya, de antemano, presuponemos; y en actos performativos y reiterativos, seguimos produciendo lo que damos por sentado.
“-Tiene usted artrosis crónica, es por la edad, nos desgastamos, es así...".
Pero no nos preguntamos qué hace que las cosas se presenten como tales:
¿cómo se materializan en los cuerpos los supuestos patológicos, los supuestos genérico-sexuales?
¿qué hace que los cuerpos adopten determinados hábitos, determinadas disposiciones posturales?
¿cuáles son sus modos de estar-ser en el mundo, cómo se insertan en él?,
¿cómo funcionan, cuáles son sus expresiones?,
¿qué dispositivos de poder-saber trabajan en nuestros cuerpos, qué regímenes de signos nos sobrecodifican?,
¿cuáles son nuestros flujos y umbrales?.
¿Podrían ser más habituales estas preguntas en las consultas? ¿Podríamos empezar a ver al otro en toda esa constelación de eventos, fuerzas, sentidos, expresiones?
"...Se acabaron las máquinas binarias: pregunta-respuesta, masculino-femenino, hombre-animal, etc. (...) los conceptos son exactamente como los sonidos, los colores, las imágenes: intensidades que nos convienen o no, que pasan o no pasan. Pop-filosofía. Nada que comprender, nada que interpretar. (...) Un encuentro quizá sea lo mismo que un devenir o que unas bodas. Encontramos personas (...) pero también movimientos, ideas, acontecimientos, entidades. Y aunque todas estas cosas tengan nombres propios, el nombre propio no designa ni a una persona ni a un sujeto. Designa un efecto, un zig-zag, algo que pasa o que sucede entre dos como bajo una diferencia de potencial (...) Es lo mismo que decíamos para los devenires: no es que un término devenga el otro, sino que cada uno encuentra al otro, un único devenir que no es común para los dos, puesto que nada tienen que ver el uno con el otro, sino que está entre los dos, que tiene su propia dirección, una evolución a-paralela. (...) Encontrar es hallar, capturar, robar, pero no hay método, tan sólo una larga preparación. (...) Bodas, pero no parejas ni conyugalidad. (...) En lugar de resolver, reconocer y juzgar, hallar, encontrar, robar. Reconocer es lo contrario del encuentro. Juzgar es oficio de muchos y no es un buen oficio; (...). Hay toda una raza de jueces. La historia del pensamiento se confunde con la de un tribunal; pretende ser un tribunal de la razón pura o de la fe pura..."
(G. Deleuze, "Diálogos. Gilles Deleuze y Claire Parnet")


En un verdadero diálogo con lxs otrxs, en un encuentro auténtico, se da una suerte de nueva negociación, de nueva disposición. Por supuesto, no desde un férreo control voluntario, sino mas bien involuntario, desde las fuerzas que atraviesan nuestros cuerpos. Después, habría que lidiar con una nueva organización.
¿De qué fuerzas es capaz cada cuerpo, cada relación, cada encuentro?
¿Estamos dispuestxs a dejarnos hacer por el encuentro, a perdernos en esa relación despersonalizante y creadora?
¿Podemos forzar la puerta allí donde estamos, abrir nuevas posibilidades de interacción?
¿Es posible cambiar nuestra relación científico-representacional por una relación científico-artística?
¿Tiene sentido hacerlo?, ¿para qué?, ¿hasta dónde nos puede llevar esto?
En la práctica clínica _por ejemplo en el ámbito de la posturología_ sabemos que cualquier posición es de por sí metaestable. El individuo-organismo es metaestable y está en continua oscilación. El cuerpo oscila de manera fisiológica, imperceptible, aparentemente inmóvil, pero siempre está en movimiento. Lo sentimos claramente cuando nos alejamos de la estabilidad, ya sea levantando una pierna, caminando sobre un suelo arenoso por ejemplo o, cuando estamos en patología, con sensación de mareo o vértigo.
Podemos valorar las oscilaciones corporales en dispositivos, como las plataformas de presiones o de manera manual y visual, mediante del Test de Romberg por ejemplo. La oscilación corporal se representa en forma de frecuenciales. Es una resultante de los diversos frecuenciales que expresa nuestro organismo, como son las frecuencias cardíaca, respiratoria o cerebrales. Estos frecuenciales reflejan cómo los cuerpos se relacionan con el mundo, cómo están respondiendo a él. Son expresiones tan comunes como propias. Varían en cada cuerpo, según su participación singular en el mundo.
Cada unx de nosotrxs tiene su propia manera de oscilar.
Entonces, ninguna posición es realmente fija ni permanente; mas bien es permanente en su devenir. Permanecemos en el tiempo porque cambiamos. Podemos cambiar porque permanecemos. Así lo decía Felix Ravaisson. Y así también, Gilbert Simondon nos advierte: el individuo es tan sólo una fase del proceso de individuación. Se deviene individuando. El proceso de individuación tiene que pasar por el individuo, pero éste es solo una fase, nada terminado. Queremos decir que el individuo no es un punto de llegada, sino una forma provisional y necesaria, que se sostiene al mismo tiempo que se va transformando.
Valga esta afirmación tanto para los cuerpos materiales como para los conceptos que tenemos de ellos.
"Problematizar la materia de los cuerpos puede implicar una pérdida inicial de certeza epistemológica, pero una pérdida de certeza no es lo mismo que el nihilismo político. Por el contrario, esa pérdida bien puede indicar un cambio significativo y prometedor en el pensamiento político. Esta deslocalización de la materia puede entenderse como una manera de abrir nuevas posibilidades, de hacer que los cuerpos importen de otro modo"
(Judith Butler, "Cuerpos que importan")
Nuestra apuesta es clara: seguir haciendo bailar lo científico y lo clínico con lo creativo, con lo artístico y filosófico. Hacer bascular los términos, sacudirlos. Perder el miedo a que nuestras certezas caigan. Así es el arte de los encuentros. Permitir que la creación y la imaginación impregnen nuestras consultas, nuestros estudios, nuestra práctica.
Es así como nos brindamos la oportunidad de vivir el acontecimiento cotidiano de nuestras terapias, es así como captamos la libertad y la alegría de los encuentros.


*Las referencias de este texto fueron: Gilles Deleuze ("Conversaciones", "Mil mesetas"), Baruch Spinoza (a partir del libro de las clases de Deleuze sobre Spinoza: "En medio de Spinoza"), Gilbert Simondon ("La Individuación"), el colectivo Tiqqun y Judith Butler ("Cuerpos que importan"). Fue escrito para el proyecto "Políticas de la piel: el arte de estar en el medio" (Eugenia Mongil, 2016).
La Pregunta. Poner Atención.
La Acción. Dejarse ir.
Somanautas
Comunidad
somanauta@somanautas.es
© 2024. All rights reserved.
Hola somanauta!
¿Te gustaría hacer algún comentario?
¿Deseas compartir algo conmigo?
¡Escríbeme!
