WHITEHEAD Y EL CUERPO

Un puente entre ciencia y espiritualidad

DE LA PIEL

Eu Mongil

12/24/202511 min read

Alfred North Whitehead y el cuerpo

La noción falaz de una materia pasiva produjo, por reacción, a una descripción distorsionada de la experiencia humana. La naturaleza humana ha sido descripta en términos de sus accidentes vívidos y no de su esencia existencial. (…) El discernimiento claro, consciente, es un accidente de la experiencia humana. Nos hace humanos. Pero no nos hace existir.

Alfred North Whitehead fue un gigante de la filosofía de principios del s.XX. Su prosa tiene un estilo sobrio y serio, sin carecer de humor, pero sobre todo es ingeniosa y elegante. Se afirma, y con razón, que su obra es de difícil acceso. Quien se adentre en El concepto de Naturaleza o en su gran texto Proceso y Realidad, se encontrará pronto luchando con descripciones y relaciones complejas, moviéndose entre una multitud de conceptos nuevos y otros reformulados. Whitehead te obliga a leer y releer con lentitud, ofreciendo de vez en cuando auténticos retazos de poesía en prosa. Difícil, sin duda, pero profundamente estimulante.

Aquí no vamos a detenernos en la figura de Whitehead ni en una presentación general de su obra. Este artículo tendrá como eje el cuerpo: el cuerpo que Whitehead describió, a mi juicio, mejor que la mayor parte de la ciencia de su tiempo y de la que vino después. Pese a su contundente crítica de los vicios conceptuales presentes, tanto en la ciencia como en la metafísica, y pese a su reconocimiento y prestigio académico, la diferencia que Whitehead introdujo ha tardado mucho en hacerse sentir de manera efectiva, en comenzar a ser comprendida e integrada.

Sabemos que el legado de Descartes, más allá de él mismo, ha tenido un peso enorme en nuestras estructuras intelectuales. No ha sido fácil empezar a desmontar dos hábitos de pensamiento que, durante largo tiempo, han impregnado tanto nuestras ciencias como nuestra vida cotidiana: la separación entre la sustancia mental y la sustancia corporal, así como el gobierno de la primera sobre la segunda.

No escribo desde la posición de una filósofa profesional porque no lo soy, sino desde la pràctica terapéutica y el estudio del cuerpo. Mis reflexiones buscan pensar mi profesión en diálogo con la filosofía, como tantas otras personas lo han hecho por cuenta propia. Pues Filosofía y Ciencia dejaron de conversar hace demasiado tiempo; o, dicho de otro modo, fueron las ciencias, en cierto momento de la historia, las que despreciaran a la filosofía como compañera fundamental del pensamiento, de la que nunca debieron separarse.

Hago esta aclaración para explicar que, cuando digo que Whitehead comprendió el cuerpo mejor que buena parte de la ciencia de su tiempo, lo hago desde una lectura propia y no porque escribiera específicamente sobre el cuerpo humano. Su Filosofía del Organismo habla de todos los cuerpos _humanos y no humanos- de un modo preciso, creativo, revelador y profundamente penetrante. Comprender el cuerpo, no solo observarlo, sino sentirlo a través de su filosofía, me ha ofrecido una ampliación de la percepción en muchas dimensiones.

proceso y realidad
proceso y realidad

Para Whitehead el problema principal estaba en la separación entre Naturaleza y Vida, "esa división tajante entre naturaleza y vida (que) ha envenenado a toda la filosofía subsiguiente, de manera que para algunos, la Naturaleza es mera apariencia y Mente es la única realidad. Para otros, la naturaleza física es la única realidad y la mente es un epifenómeno". En ambas direcciones, el cuerpo salía mal parado: en la primera afirmación, formaba parte de una naturaleza pasiva que debía ser controlada y gobernada; en la segunda, pasaba directamente al ostracismo, pues la materia verdaderamente relevante quedaba reducida al cerebro.

Nazareth Castellanos lo explica muy bien en su libro Neurociencia del cuerpo, al describir la prevalencia del paradigma “cerebrocentrista” en el ámbito de la investigación científica. Se ha convertido en una voz académica y divulgativa de gran relevancia en la defensa de una investigación que atienda a las interdependencias del cerebro con el resto de órganos _corazón, pulmones, intestinos_, y que empiece también a abrir espacio para el útero, un órgano históricamente menospreciado y desechado, al menos en la historia occidental reciente. Así, el cuerpo se revela como una clave fundamental, no solo para cuestionar este ya casi eterno dualismo, sino también otros: dentro-fuera, naturaleza-cultura, humano-no humano, materia-espíritu, individual-colectivo.

La buena noticia es que Alfred North Whitehead parece revivir en nuestros tiempos. Tal vez hoy nos encontremos en mejores condiciones para aprehender la realidad en toda su complejidad: en sus relaciones múltiples, en sus procesos de generación, composición, evolución, degradación y descomposición, en sus interrelaciones e interdependencias. En gran medida, esto se debe a su pensamiento. Whitehead describió la realidad como procesos y acontecimientos, una realidad en la que lo creativo actúa como la fuerza que impulsa, desde dentro, las encadenaciones y determinaciones de lo material-espiritual.

Yo sostengo la doctrina de que no pueden entenderse ni la naturaleza física ni la vida si nos las fusionamos como factores en la composición de las cosas “realmente reales” cuyas interconexiones y caracteres individuales constituyen el universo.

modos pensamiento
modos pensamiento

Naturaleza, Mente y Dualismos

El cuerpo nunca miente

Alice Miller

Comparto la idea de Alice Miller de que el cuerpo nunca miente: lo que muestra es lo que es, lo que hay, lo que expresa. El desafío está en interpretar lo que vemos, lo que hay, lo que es. Y hay muchos lenguajes en el cuerpo. El cuerpo muestra una multiplicidad de voces, una constelación de expresiones y modos. No es lo mismo captar e interpretar las señales electromagnéticas del cerebro que interpretar la expresión de los movimientos en la marcha. No es lo mismo conocer la comunicación bioquímica del cuerpo que comprender la comunicación gestual a través de los músculos faciales y cómo podrían estar relacionadas. Aprender a sentir y palpar el movimiento del sistema fascial requiere una destreza diferente a la de percibir los pulsos del cuerpo en la muñeca. Lenguajes más complicados son las interacciones entre diferentes frecuencias rítmicas, como la respiratoria con la cardíaca y con la del estómago, por ejemplo. Por suerte y alegría para muchas personas, estamos penetrando mejor, por fin, en esos entramados, en esos lenguajes, en esas redes complejas de relaciones e interacciones.

Whitehead advertía que la especialización, que es necesaria para el desarrollo del pensamiento civilizado, tuvo en el último siglo un efecto muy desafortunado sobre la mirada filosófica de la gente erudita (…). Mientras la ciencia crecía, las mentes se encogían en la amplitud de su comprensión. Aunque se refiere aquí al conocimiento en general, se aplica también a la crítica concreta del saber sobre el cuerpo. La fragmentación científica y cotidiana que ha sufrido durante siglos el cuerpo, aunque permitió profundizar en los diferentes aspectos del mismo, se dio a costa de una comunicación más pobre, a veces inexistente, entre especialidades así como la pérdida del viejo conocimiento integrado. Al mismo tiempo que aprendimos a desmenuzar las cosas, nuestros cerebros se encogieron perdiendo perspectiva y comprensión profunda. Todas las personas hemos sufrido esas frustrantes respuestas médicas en las que, siguiendo nuestra intuición y/o sentido común, preguntábamos si un problema ginecológico podía relacionarse con otro tiroideo, o si un dolor muscular podía deberse a una inflamación de hígado o del estómago, o si una buena nutrición ayudaría en la recuperación de una operación.

Hoy, este tipo de pensamiento, corto y fragmentado, está llegando a su ocaso, ¿soy demasiado optimista?. Como profesional crítica de esta segmentación corporal, celebro estar presenciando un nuevo cambio de paradigma: el "cerebrocentrismo" empieza a ponerse, al fin, al servicio y a la escucha de todo el cuerpo. Seguimos escudriñando el cerebro, sí, pero en relación con todas las demás estructuras corporales. Hemos cambiado la mirada: de las partes y sus relaciones anatómicas, a las redes y sus comunicaciones.

Incluso ahora, las personas que acuden a consulta muestran más interés por abordajes integrativos, prestan atención a diferentes aspectos de su salud y autocuidado. Están, poco a poco, desarrollando su propia intuición, ampliando los conocimientos sobre sus cuerpos y sus relaciones, decidiendo con mayor autonomía y claridad junto a los profesionales que les acompañan. Estoy señalando que las personas ya no "traen" simplemente sus cuerpos a la consulta "para ser arreglados", sino que buscan acompañamiento en su búsqueda del bienestar y de un autoconocimiento mas profundo, mas real.
Para mí éste es un mundo nuevo.

El cuerpo nunca miente. Es posible aprender a escuchar el cuerpo, para poder ir más allá y más acá de él.

concepto naturaleza
concepto naturaleza

Cuando pensamos con Whitehead, da igual si centramos la cuestión en un tipo de ocasión actual como el cuerpo humano, un cuerpo animal de cualquier tipo, una roca, una institución académica o un monumento. Para él lo Real está compuesto de entidades u ocasiones actuales e individuales: son los elementos últimos que conforman el Universo y dan cuenta, a su vez, de las relaciones y acontecimientos en y del universo entero.

Cada ocasión particular es un entramado procesal y creativo que oscila entre lo material y lo espiritual -siempre presentes ambos polos-, y no surge de la nada, sino de una multiplicidad de relaciones. Cada entidad actual se concibe como un acto de experiencia a partir de datos. Cada ocasión particular va a “decidir” de manera no consciente, no intelectiva sino afectiva, a partir de “su sentir”, "de su propio proceso de desarrollo o concrescencia", qué “prehende” (qué integra y qué rechaza), qué entra a formar parte de estructura más íntima -subjetivando datos objetivos del mundo- y qué no. Así genera evolución, crecimiento y desarrollo, a partir de un pasado que se actualiza en ella, dirigiéndose hacia una meta, un futuro: su propio “autogoce”, la autosatisfacción del proceso de hacerse, devenir y entregarse al mundo del que procede, pereciendo, participando al mismo tiempo del “avance creativo del universo.

El concepto de prehensión en Whitehead es central y se convierte en la clave para pensar la actividad de los procesos haciéndose cosas y deviniendo. Pues el acto de prehensión es la experiencia de sentir y captar el mundo, los datos objetivos del mundo, para ser absorbidos, integrados y subjetivados de manera singular. Pueden ser prehensiones físicas y conceptuales, positivas (de integración) y negativas (de rechazo), pero todas traducen lo que la ocasión actual está siendo. No es un acto de la mente consciente, es un acto afectivo, no consciente, que siempre comporta una tensión entre lo material y lo espiritual/mental, donde las causas ofrecen, transmiten también sus sentires o sensaciones (feelings). Así nos permite pensar cómo las cosas se relacionan entre sí: humanas y no humanas, materiales e inmateriales, orgánicas e inorgánicas.

Esta es mi manera, excesivamente sencilla, de traducir algo de gran complejidad, riqueza y penetración. Espero que pueda ser una invitación a leer a Whitehead directamente. ¿O acaso no suena hermoso y excitante?.

Cuerpos y Ocasiones Actuales

(La entidad actual) reproduce en cuanto microcosmos lo que el universo es en cuanto macrocosmos

Penetración

Mi tesis es que cuando nos damos cuenta de que estamos comprometidos en un proceso de penetración, tenemos un autoconocimiento más pleno que cuando sentimos una completación del trabajo de la inteligencia.

El cuerpo -humano o no humano-, como cosa realmente real y como ocasión actual-particular, es proceso, duración y creación. No es lineal ni posee una única linea de eventos causales con un origen concreto y un final puntual; sí tiene, en cambio, su propia “ruta histórica” compleja, causal, multifactorial y enredada con otras. Una ruta que habla de sí misma, del universo del que procede y al que contribuye a seguir expandiendo. El cuerpo, que al mismo tiempo es cuerpo-ambiente, va más allá de sí mismo: es inmanente y trascendente, pues, anclado fuertemente en las relaciones que le conciernen e importan, se proyecta hacia un futuro a partir de un pasado siempre en actualización mientras recibe y ofrece pedazos de universo y de sí mismo, organizándose y expresándose en términos materiales y espirituales a la vez, entregándose de nuevo al mundo del que procede, siendo alimento y dato para otras ocasiones en curso. De este modo, siempre hay relaciones, procesos y eventos en continuo movimiento. Whitehead aclara que no hay continuidad del devenir, sino devenir de la continuidad. Es decir, describe el universo como un “continuo extensivo” donde son las cosas las que devienen, encadenándose unas en otras, influyéndose y afectándose mutuamente.

¿Podemos pensar entonces mejor el cuerpo?. Penetrar, por ejemplo, en los entramados bioquímicos del cuerpo en relación con los entramados neurales, con los entramados vasculares, con los entramados fasciales, con los entramados neuronales. Todo está en continuo movimiento: el cuerpo es duración y comunicación, además de topología. Tradicionalmente, habíamos pensado la medicina considerando los elementos del cuerpo como separados, ubicándolos según su estructura y relaciones directas, según su topología, pero no según sus funciones ni sus procesos. No habíamos reflexionado seriamente sobre las diferentes duraciones y temporalidades que ocurren en él. Hoy, por ejemplo, sabemos más sobre la importancia de los diferentes ritmos corporales, de sus sincronicidades y asincronicidades. De nuevo me remito a Nazareth Castellanos, porque explica de manera sencilla cómo son las diferentes ondas de la actividad electromagnética del cerebro, cómo se relacionan entre sí, cuánto importa conocerlas para poder ayudarnos a funcionar mejor, incluyendo su relación con otros órganos y sus frecuencias. Pensar así es el reto de nuestro tiempo, y vamos por buen camino, o lo parece.

Entonces, ¿qué es el cuerpo bajo el prisma de Whitehead?. ¿Aparecen ahora imágenes renovadas?.
Es posible que, a partir de esta reflexión, tu cerebro empiece a sentir mejor el movimiento y a percibir más relaciones. Es posible, entonces, que empieces a experimentar cierta sensación de ser más allá de lo que ves a primera vista o de lo que percibes por hábito. Tal vez tu cuerpo, percibido como algo independiente, separado, cerrado sobre sí mismo, comience a sentir con más claridad que está atravesado por una multitud de fuerzas invisibles; fuerzas que no terminan en la piel y que pueden afectar más de lo que imaginas.

Para aumentar nuestra penetración en la realidad -que somos nosotrxs mismxs-, se hace preciso empezar a percibir mejor los entramados y las interdependencias, romper con las rígidas fronteras que hemos dispuesto entre las cosas. Se necesita ahondar en conversaciones cruzadas y trabajar por un futuro donde las especialidades clínicas ya no estén separadas de forma rígida y poco real. Por fortuna, soy testigo, junto a muchas otras personas, de que algo así está sucediendo: nos vamos perdiendo en nuestros lugares habituales, pero encontramos espacios nuevos e intermedios.

*Este texto ha sido escrito en 2025, a partir de mis lecturas de El concepto de naturaleza, Modos de pensamiento y Proceso y Realidad de Alfred North Whitehead, junto con Neurociencia del cuerpo de Nazareth Castellanos. Gracias también a lecturas de filosofía compartidas con mis compañeros Guillermo Huertas y Fernando Reina, así como a mis estudios en Posturología y mi práctica clínica diaria.